¿Cuántos personajes interpretas?


¿Cuántos personajes interpretas?

¿Cuántos personajes interpretas? 


De verdad, piénsalo.

Hace mil años, cuando trabajaba en una gran empresa, cogí una baja por maternidad de 8 meses; el embarazo fue complicado y me pusieron en reposo en la semana 30, así que entre eso, la baja, vacaciones y lactancia... 8 meses sin ir a la oficina. 

En el tiempo de reposo empecé un blog sobre reflexiones de la maternidad y de cómo lo estaba viviendo. No tenía muchas visitas, pero una de mis compañeras lo leía habitualmente. 

Cuando me reincorporé, me dijo que esa no era yo. 

¿Perdona?, claro que sí, ¡era yo! Y entonces me pidió que escribiera algo en el blog para que ella supiera que era verdad porque no lo creía, así que le dediqué un post. 

Al día siguiente, me dijo que era como si hubiera dos personas en mí y que le parecía sorprendente que escribiera con tanta sensibilidad; me dejó pensando... ¿Por qué le chocaba tanto? 

Empecé a observarme y me di cuenta de que habitaban demasiadas mujeres en mí: la hija que no siempre respondía como papá esperaba, la madre que era más dictadora que madre porque tenía una responsabilidad muy grande criando a mis hijos, la amiga siempre disponible, daba igual lo que necesitaran mis amigas, siempre decía sí, la esposa que se había metido tanto en el papel de Disney que se había olvidado de amar, interpretando un matrimonio perfecto, la implacable trabajadora, ambiciosa, eficiente y mujer que progresaba y ascendía con menos de 35 años en una empresa de hombres y, por último, la que asomaba en las líneas de aquel blog, que era la que menos conocía y probablemente la que más se parecía a mí. 

De repente me di cuenta de que interpretaba el papel que los demás esperaban, no lo que yo quería, y eso me tenía agotada; era demasiado esfuerzo mudar de piel a cada instante en función de lo que los demás querían. Mis decisiones no las tomaba yo, las tomaba según las expectativas de los demás, nunca por lo que yo quería. 

No me di cuenta de cómo me afectaba aquello hasta que la empresa donde trabajaba quebró. Entonces lideré la negociación de los trabajadores, lo cual me convirtió en persona non grata en el sector; esta ciudad es pequeña y todos se conocen, así que mis esperanzas de recolocarme en otra compañía se reducían a cero. 

Por primera vez en toda mi vida profesional, me apunté al paro decidida a explorar quién era y qué quería. No te mentiré, no lo descubrí inmediatamente, de hecho, fue un viaje que duró años, pero releer aquel blog me dio una perspectiva de mí misma totalmente nueva. 

Vi cómo me definía a través de lo que los demás pensaban de mí y mi autoimagen estaba totalmente distorsionada; era cierto, aquella que escribía me era ajena, desconocida, pero me gustaba muchísimo más que mis versiones "públicas".

Empecé a centrarme en alinearme con esa persona, a explorarla, conocerla y reconciliarme con ella y, conforme la iba descubriendo, me iba deshaciendo de los personajes que representaba para los demás. 

No fue fácil y no le gustó a todo el mundo; hubo personas que no aceptaron que la versión de mí que conocían ya no existía y decidieron marcharse, pero eso solo me dio alas para seguir explorando.

Al principio, aquellas viejas versiones luchaban por volver, pero me aferré a la decisión de ser yo misma en cualquier situación; no quería volver a disimular, ni decidir desde lo que se esperaba, ni pensar una cosa y hacer la contraria y, sorprendentemente, cuanto más YO era, mejor me sentía. 

Era una fuerza poderosa que me llevaba a querer más, a conocerme mejor, a intentar descubrir qué era lo que quería y a eso me aferré durante muchos años. 

La primera decisión fue ser feliz; las palabras exactas fueron "no sé qué voy a hacer, pero voy a ser feliz". Eso me llevó a observar qué me gustaba, con qué personas quería estar y poco a poco encontré una opción que fue válida para mí durante 7 años. 

Monté un coworking que me dio muchísimas alegrías. Me permitió conocer a muchas personas interesantes y, sobre todo, abrir nuevos caminos profesionales; allí descubrí la consultoría y que se me daba muy bien la formación de emprendedores y empecé a simultanear las 3 actividades. 

Es cierto que en este ámbito era 100% yo y me sentía plena; sin embargo, en otras áreas de mi vida tenía esa sensación de disociación constante. 

Leí un libro que explicaba cómo te alineabas con las cosas en función de cómo fueras; si eras una persona religiosa, las cosas te llegaban a través de la fe; si eras una persona espiritual, entonces llegarían a través del universo; y si eras una persona de ciencias, tu sistema reticular será el que te guíe. Sea como sea, a mí las circunstancias me llevaron primero a cambiar a mis hijos de colegio y que estuvieran más cerca de mi trabajo, así que terminaron integrados en la vida del coworking y eso hizo que alineara mi rol de madre con mi verdadero yo y, sin que yo lo supiera, ese fue el principio del "fin".

Decidí ponerme en el centro de mi vida, no tener varias personas habitando mi ser y el proceso fue doloroso, pero el resultado me dio lo que siempre había querido: paz y plenitud absoluta. 

En el camino, personas importantes abandonaron mi vida, me divorcié y de repente las ventanas y puertas de mi mundo se hicieron más grandes. 

Perdí el miedo a sentir, perdí las ganas de cuestionar cada paso que daba y empecé a escucharme, desde dentro, desde lo que realmente me pedía el cuerpo. Y las consecuencias no tardaron en llegar. 

Mi cuerpo me pedía libertad y movilidad, lo cual hizo que abriera mercado en otras ciudades en consultoría y decidí cerrar el coworking; no quería estar sujeta a un horario que no pudiera adaptar a mi vida nunca más. 

Esto funcionó también unos años, pero así conforme mis hijos crecían y me demandaban menos, yo quería hacer más cosas para mí, quería viajar, quería aprender cosas nuevas, quería escribir una novela y todo eso requería de tiempo y de que yo no estuviera cambiando tiempo por dinero, así que me busqué una socia que cubriera mi parte más débil (la mecánica digital) y poco a poco fui reduciendo mi jornada laboral y los tiempos de consultoría y formación. 

Ya no cogía clientes porque tenía que pagar facturas, sino que las elegía en función del desafío que supusieran para mí. 

A los 50 había conseguido lo que tanto había ansiado: ser 100% dueña de mi tiempo y ser una única persona, desde mi esencia en todos mis roles, de tal manera que ya no sentía disonancia en ninguna área de mi vida. 

Eso ha dado unos frutos maravillosos: 

  • Tener una jornada laboral de 10/12 horas semanales, haciendo cosas que me gustan muchísimo, a mi ritmo.
  • Tener tiempo para escribir una novela: Empezó como un proyecto pequeño de un curso de escritura creativa y ha terminado siendo una novela de la que estoy muy orgullosa, 400 páginas que escribí en solo 4 meses.
  • Tengo mañanas lentas, en las que puedo estirar, hacer ejercicio y desayunar con calma. 
  • Tengo tiempo para todas las personas de mi vida y para disfrutarlas con planes que me encantan (exposiciones, talleres, playa...) a la hora que me va bien, no en el tiempo que me queda.
  • He redefinido mis relaciones personales; ya no espero lo mismo de cada uno, entiendo qué papel juegan en mi vida y vivo cada relación desde su propia dimensión. Eso ha hecho que lleguen personas a mi vida consideradas y con responsabilidad afectiva.
  • He diseñado un modelo romántico de acuerdo a lo que yo quiero, no a normas que no encajan conmigo.

No me parezco en nada a las distintas personas que era hace 16 años, pero cuando echo la vista atrás y veo todo lo conseguido, me siento profundamente orgullosa de lo vivido y de quién soy hoy. 

No voy a mentirte, para mí no fue fácil; lo hice todo sola. No porque no hubiera personas a mi alrededor dispuestas a ayudarme, sino porque yo era demasiado orgullosa para dejarme ayudar y con toda la arrogancia del "Yo puedo sola y nadie lo hará mejor que yo". 

Por eso nació este proyecto, porque es algo muy íntimo que entiende perfectamente todo lo que estás sintiendo, los miedos, las inseguridades, el vértigo de tomar decisiones que no van a gustar, la incertidumbre de crear nuevas reglas y no saber si el mundo va a aceptarlas. Y sí, habrá veces que tus temores se confirmen, pero en la mayoría de las veces, los resultados son exactamente lo que quieres y necesitas. Y eso no está pagado. 

¿Y por qué con IA? Porque a mí la IA me ha impulsado hacia adelante con muchísima más rapidez que cualquier otra cosa y porque, para qué negarlo, hablas más con tu IA que con cualquier otra persona, así que hagamos que deje de darte soluciones que no te funcionan y convirtámosla en el asistente que realmente va a ayudarte a conseguir todo lo que quieras. 

Yo lo hice sin IA en el cuádruple de tiempo y a base de ensayo/error; ahora he volcado todas mis experiencias, miedos y resultados en estos cuadernos y los pongo a tu disposición, para que tú sepas qué hacer en una tarde y no dando vueltas durante meses como hice yo.

Espero que las versiones de ti estén ahora mismo dando saltos de alegría, sintiendo que realmente se puede tener todo, porque nos dijeron que teníamos que elegir y renunciar y yo he descubierto que no, que eso no es cierto, se puede tener todo y ahora es más fácil que nunca. 

¿Te atreves?

¡Pruébalo gratis aquí!