¿Cuánto te gusta tu entorno?


¿Cuánto te gusta tu entorno?

Me encanta la luz, a ratos me creo una planta y hago la fotosíntesis. La primera casa que tuve fue un piso con mucha luz, que el salón tenía una vidriera de suelo a techo en esquina y el sofá estaba allí. Me encantaba sentarme a leer o mirar por la ventana; reconozco que la luz me da la vida. 

La segunda casa que tuve fue una casa de pueblo enorme, con muros de 60 cm y paredes de piedra, pero no tenía ventanas. Así, tal cual. Tenía un sistema de claraboyas que hacían que en la casa hubiera luz, pero sin ventanas. Lo compensaba un patio de 50 metros con vistas a la sierra, pero yo siempre sentí claustrofobia. 

Fue una casa que compramos porque se adaptaba a lo que queríamos; tenía dos plantas y la dividimos para hacer dos viviendas: arriba mis padres y abajo nosotros. Pero estaba en un pueblo de interior y no se parecía en nada a la casa de mis sueños.

Viví allí casi 20 años. 

Cuando me divorcié, me di cuenta de cuánto me drenaba la energía y de lo poco que me gustaba llegar a casa. 

Yo me divorcié a finales del 2019... así que imaginaros el panorama; la casa no se "malvendió" hasta el 2023.

Para más inri, mi padre falleció el mismo verano de mi divorcio, así que aquel era el último sitio donde quería estar, pero no tenía dónde ir, así que, me gustara o no, tenía que hacer de aquello mi hogar y un sitio donde quisiera disfrutar de mi vida y mis hijos. 

Pasé días en Pinterest buscando estancias que se parecieran a las habitaciones de mi casa, consejos para potenciar la luz y combinaciones similares a las que yo tenía en casa. 

Luego moví todos los muebles de sitio y reconfiguré los espacios, hice una pequeña inversión en bombillas de luz más cálida, plantas, cojines y telas más claras y ¡magia! Mi casa empezó a gustarme, cosa que agradecí muchísimo en pandemia. 

Creé un oasis en mi patio y así, en los días que me agobiaba en el interior, me iba a una hamaca colgante de fuera y allí era feliz leyendo.

Seguía en el mismo pueblo y en la misma casa, pero en un espacio que me gustaba habitar. 

En 2022, en mis propósitos de año nuevo, escribí con todo lujo de detalles cómo quería que fuese mi siguiente casa. Tenía claro que sería en ciudad y que tenía que ser un sitio confortable y con muchísima luz. 

Por entonces mi casa estaba a la venta y yo había empezado a mirar pisos de alquiler cerca del colegio de mis hijos, se habían pasado años madrugando y era el único requisito que me habían pedido. 

La cosa estaba complicada... lo que yo quería, en la zona que quería, estaba inaccesible.

Antes de finalizar el año, apareció el piso de mis sueños, exactamente lo que quería y necesitaba. Le escribí a la chica contándole mi situación y explicándole que haríamos de su casa nuestro hogar, y no me contestó. 

Por un lado, sentí alivio; no había vendido mi casa todavía, pero por otro me dio mucha rabia perder la casa de mis sueños. 

En Semana Santa de 2023 yo ya tenía comprador y había vuelto a la carga en búsqueda de piso; no había visitado ninguno todavía y ya había convencido a mis peques de ampliar la zona para poder acceder a algo que pudiéramos pagar. Los nuevos compradores me daban un tiempo para buscar casa, pero no esperarían siempre. 

Una semana antes de firmar la venta de la casa, me escribe un chico y me pregunta si me sigue interesando su casa. Le contesto que me pase el anuncio para saber cuál es, porque he escrito a muchas, y me contesta que no está publicado y me envía las fotos. 

Casi me muero, os prometo que no había ido a ver ningún piso, que no tenía ninguna opción que me convenciera y las que lo hacían o eran caras o estaban lejos. 

Era el piso de mis sueños de la chica que no me había contestado. 

Fui a verlo con dinero en la mano, diciéndole que me daba igual no verlo, que lo quería. Era lo que podía pagar, tal cual como lo quería (reformado, dos baños, parquet, aire y unos ventanales enormes en todas las estancias con vistas a la sierra) y en donde quería (a una calle del colegio y 10 min del centro). 

Tal y como le dije, hice de su casa mi hogar, un sitio en el que somos muy felices, al que le apliqué la misma que a mi casa: inspiración en Pinterest, mucho detalle cuqui y rarezas de Wallapop. Os prometo que es una casa con muchísima personalidad (la mía), en cada rincón, y que no me ha costado un pastizal dejarla como yo quería. 

Hace años entendí que mi casa es el sitio donde empiezo y termino el día y que debe ser un sitio que me inspire, no que me drene. Encima, desde hace 2 años trabajo desde casa, así que si tengo que pasar tantas horas aquí..., tengo que querer estar. 

Creemos que tener una casa que nos guste tiene que parecerse a una de revista y no es verdad, tiene que ser una que esté lo suficientemente ordenada para no generarnos estrés, y que nos represente y dé paz, y eso con un poquito de imaginación y poco presupuesto, se puede. 

Así que mira a tu alrededor... ¿Tu espacio te drena o te expande?

Si te drena, abre Pinterest y busca estancias con la misma forma que las tuyas. Reúne varios pines de inspiración y busca cómo replicarlo en tu casa; seguramente, cambiando los muebles de sitio y metiendo un par de detalles, consigues algo que te guste mucho. 

Si te gusta cómo está, pero el problema es que hay algo que te distrae y no sabes qué es, se trata de "ruido visual", no desorden, ruido. Cables amontonados en regletas, libros y revistas apilados de cualquier manera, mil botes de productos distintos... Entonces, busca inspiración para reducir el ruido y, con un par de cajas y botes bonitos, el cambio es brutal.

Si lo que sucede es que el orden no se mantiene, negocia. Así, tal cual. Negocia con las personas con las que vives para intentar que cada día todo se quede recogido.

Yo tengo varias normas internas que me ayudan a mantener el orden; te las dejo por si te ayudan: 

  • Si se puede hacer en menos de 2 min, se hace. 
  • No empiezo el día hasta que no hago la cama.
  • Si estoy sola, no espero a llenar el lavavajillas, porque es más rápido lavar una taza y un plato y que se quede recogido.
  • Recojo al mismo tiempo que cocino y así no se me desmanda el desorden.
  • No me siento a comer sin tener la encimera despejada; así, cuando termino de comer, solo tengo que poner el lavavajillas. 
  • No me acuesto con el salón desordenado (mantas dobladas, cojines colocados y mandos guardados). 
  • Las zonas de cables están pensadas de tal forma que solo esté el extremo del cable que necesito; el resto está metido en cajas de organización de cables. 
  • Todo el que llega tiene que aceptar las normas.

Como ves, da igual que vivas en un sitio que sea el de tus sueños o no, lo importante es cómo configuras tú el espacio para que te expanda o te drene y, créeme, la diferencia es brutal. 

En mi casa del pueblo, solo con esos cambios, nacieron proyectos que siguen vigentes hoy, porque ya no era un sitio donde no quisiera estar, sino que se convirtió en fuente de inspiración, aunque no fuera mi sitio favorito en el mundo. 

No sabes cómo hacerlo... deja que la IA te ayude, cuéntale que es exactamente lo que no te gusta, saca fotos y verás cómo te da la solución que necesitas. 

¿Te atreves?

¡Pruébalo gratis aquí!